2. Lee la palabra de Dios
Hemos reflexionado en el testimonio que da la escritura, y entendíamos que ellas señalan o apuntan a Cristo, y claro que es necesario escudriñarlas, pero teniendo el entendimiento correcto.
Veamos un ejemplo que nos ayude a ilustrar el concepto, pero teniendo claro que solo el Espíritu Santo puede abrir nuestro entendimiento de las escrituras:
Vamos en nuestro automóvil, de vacaciones, y no conocemos muy bien el lugar de destino donde vamos a disfrutar con nuestra familia del descanso, vemos el mapa, las flechas que apuntan al lugar, ¡pero ese no es el lugar¡, sino que apunta al lugar, luego nos acercamos y estamos a 10 km, paramos allí, pero ese no es el lugar, cuando llegamos finalmente y entramos al lugar y disfrutamos del descanso, ese es el lugar.
Cristo es nuestro punto de llegada exacto, cuando recibimos su vida misma y cuando permitimos que se exprese, negándonos a nosotros mismos. Él es nuestro descanso final (Mateo 11:28); por esto el error tremendo de los religiosos que estamos repitiendo hoy en día, observemos el versículo que sigue de Juan 5:39, donde Jesús concluye lo que pasa en estos religiosos: “y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:40)
Una de las cosas que da testimonio de Jesús, las escrituras, nos llevan a una vida, a una persona viva y real, que está esperando que nos rindamos a él, completamente, perdiendo la vida para ganarla. Esto es, negándonos a nuestra propia imaginación de Dios (dokeite) y tomando de él mismo, la sustancia.
Porque lo que de Dios imaginamos, nos lo imaginamos mal, no lo podemos entender con nuestra mente natural o con nuestra naturaleza carnal, entonces creamos en nuestra mente un dios falso, por tanto, es necesario rendirnos ante la vida eterna verdadera (zoé), Cristo, para ‘conocer’ íntimamente a nuestro Padre celestial. (1 Corintios 2:14, Juan 17:3)








