2. Lee la palabra de Dios
“En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto” Éxodo 2:11-14.
3. Reflexiona
El mismo autor del estudio bíblico “En busca de Dios” cita que el Señor no solo nos puede llamar al arrepentimiento a través de nuestra conciencia, sino que también “puede permitir que alguien nos descubra” para conducirnos hacia Él. Para ilustrarlo mejor, vamos a recordar una situación peculiar en la vida de Moisés.
Antes de ser llamado por Dios para liberar a Su pueblo de la esclavitud de Egipto, Moisés pasó por una situación particular: mató a un egipcio (Éxodo 2:11-12). Cuando Moisés mató al egipcio, decidió esconderlo en la arena. Seguramente pensaría que nadie lo había visto cometer dicho crimen. Sin embargo, lo que había hecho fue descubierto por alguien más. ¿Cómo sale a la luz este pecado de Moisés? Cuando trata de apaciguar una pelea entre dos hebreos (Éxodo 2:13-14).
Como vemos, Dios puede usar a otra persona para sacar a la luz nuestro pecado, no con el propósito de avergonzarnos, sino para conducirnos al arrepentimiento. En el caso de Moisés, vemos que el descubrimiento de su pecado lo llevó a sentir temor y a querer huir, pues el faraón lo estaba buscando para matarlo cuando se enteró de lo que había acontecido (Éxodo 2:15).
Sin embargo, a Dios nada se le sale de las manos, pues, como lo afirman las Escrituras: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Dios usó aquella situación dentro de Su propósito para la vida de Moisés, hasta que llegara el momento de llamarlo a Su encuentro para encomendarle una misión que transformaría por completo el rumbo de su vida.
Hermanos, quizás nuestras faltas han sido descubiertas por otras personas, pero lo que debemos recordar es que el Señor también puede utilizar esas circunstancias para conducirnos al arrepentimiento. Por eso, no debemos permitir que el temor, la vergüenza o la culpabilidad nos alejen de Él, sino reconocer nuestra condición y responder a Su llamado, permitiendo que Su Palabra y el poder de Su Espíritu Santo transformen nuestra manera de vivir.
4. Alaba a Dios
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