2. Lee la palabra de Dios
“Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián” Éxodo 2:15.
3. Reflexiona
Después de que Moisés fuera descubierto y tuviera que huir, como lo vimos en el devocional de ayer, hay algo que llama mi atención: Moisés se estableció en tierra de Madián, donde tuvo un hijo al que llamó Gersón. Él mismo explicó el significado de su nombre: “forastero” (Éxodo 2:22). Esto nos permite observar que Moisés se reconocía como un extranjero en aquella tierra, lejos de su pueblo y de la vida que había conocido hasta entonces. Sin embargo, su historia no terminó allí, pues Dios tenía un propósito para él. Así, cuando llegó el momento, Dios se le apareció en una zarza ardiente y lo llamó a Su encuentro (Éxodo 3:4).
Un hecho tan grave como el que cometió Moisés lo habría podido marcar durante toda su vida y dejarlo con un remordimiento y una culpabilidad que lo llevarían al estancamiento. Sin embargo, Dios no lo dejó allí, pues, en Su misericordia, lo llamó a Su encuentro, se le reveló como el Dios de sus padres y le dio un propósito: ser usado como instrumento en Sus manos para liberar a Su pueblo de aquella esclavitud (Éxodo 3:6-10). De esta manera, Moisés pudo comprender que su pasado no determinaría su futuro, pues Dios tenía un propósito para su vida.
De la misma manera sucede con nosotros: cuando nos hemos dejado llevar por el pecado, Dios no nos abandona ni nos deja en el estancamiento; nos llama a Él, pues solo Él nos puede sacar de esa condición y llevarnos a vivir conforme a la nueva identidad que, por Su gracia, nos ha regalado.
Por eso, hermanos, a pesar de lo que hayamos hecho y de nuestro pecado, podemos estar seguros de que Dios también tiene un plan para nosotros, pues, gracias a su Hijo Jesucristo, Él hoy, por medio de su Espíritu Santo, nos llama y nos conduce al arrepentimiento para llevarnos a su encuentro y revelarnos Su propósito para nuestras vidas. Por lo tanto, al igual que Moisés, respondamos al llamado de Dios y sigámosle, pues en Cristo tenemos una nueva vida y un propósito eterno.
4. Alaba a Dios
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