Ebenezer Avivamiento del Reino de Dios
Este blog ha sido creado por los jóvenes de la comunidad Cristiana Evangélica Ebenezer para la honra y gloria de Jehová Dios
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ESCUELA DOMINICAL
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jueves, 12 de septiembre de 2019
DEVOCIONAL DIARIO CONEXION DE VIDA
2. Lee la palabra de Dios
"Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará". Juan 12:23-26
"Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Marcos 11:7-10
Cuando Jesús dijo estas palabras muchos de sus oyentes, entre ellos unos griegos interesados en conocerle no las entendieron, Jesús estaba visualizando su muerte en la cruz y veía cómo produciría vida para muchos. ¿Cuál era la sorprendente paradoja que Jesús estaba enseñando? Estaba diciendo tres cosas, que son una verdad central de la fe y de la vida cristiana. En primer lugar, estaba diciendo que sólo por medio de la muerte viene la vida. El grano de trigo es ineficaz e improductivo mientras se conserve. Cuando se arroja a la tierra y se entierra, es que muere y lleva fruto.
Recordemos que fue la muerte de los mártires lo que hizo que la Iglesia pionera creciera, fue la semilla que necesitaba morir para que la iglesia se dispersara y empezara a expandirse. Igualmente podemos aplicar este principio a nuestra vida espiritual, es sólo cuando morimos a nosotros mismos, cuando sepultamos nuestros intereses, ambiciones personales y nuestros propios deseos, que empezamos a serle útiles a Dios, porque comenzamos a dar fruto, dejamos fluir la Presencia de Cristo, entonces comenzamos a ver con sus ojos la necesidad a nuestro alrededor.
También el Señor estaba diciendo que la única manera de no perder la vida es darla. El que ama su propia vida está movido por dos motivos: el egoísmo y el deseo de seguridad. No una, ni dos, sino muchas veces insistió Jesús en que el que atesora su vida acaba por perderla, y el que la entrega es el que al final la conserva. Veamos Marcos 8:35 “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.
Y por último Jesús estaba diciendo que la grandeza no se obtiene más que mediante el servicio. Las personas que el mundo recuerda son las que han servido a los demás con amor que es la verdadera riqueza de la vida.
Jesús vino al mundo con una nueva visión de la vida. Muchos consideran la gloria como conquista, adquisición y poder, pero Jesús veía la gloria como una cruz. Nos enseñó con su ejemplo, porque Él entregó su vida para el rescate de muchos y mientras caminó en esta tierra, mostró su grandeza sirviendo a todos los que lo necesitaban.
Pensemos por un momento cómo se sintió Jesús mientras iba camino a Jerusalén sabiendo que terminaría en su muerte, estaba a las puertas de cumplir con el gran plan de Dios, sabía que iba en la misión de eliminar la más grande barrera de separación entre Dios y el hombre, iba a romper el poder del pecado derrotando la muerte y trayendo liberación a la humanidad. Nada lo detendría de cumplir con su tarea, el cielo iba a abrirse, era el momento y la hora. Y sucedió que fue exaltado al entrar en Jerusalén, como “el que venía en el nombre del Señor”. Y la multitud gritaba: ”! Hosanna en las alturas ¡”, la frase “en las alturas” implica al máximo, al más alto grado, afirmando que el Elegido, el Cristo, el Mesías esperado finalmente había llegado.
Ahora entreguemos nuestra vida en gratitud a nuestro precioso Jesús, por todo lo que hizo por nosotros.
















