Ebenezer Avivamiento del Reino de Dios
Este blog ha sido creado por los jóvenes de la comunidad Cristiana Evangélica Ebenezer para la honra y gloria de Jehová Dios
viernes, 21 de julio de 2023
sábado, 17 de abril de 2021
miércoles, 31 de marzo de 2021
martes, 30 de marzo de 2021
sábado, 21 de noviembre de 2020
miércoles, 2 de septiembre de 2020
TIEMPO CON DIOS DEVOCIONAL
sábado, 13 de junio de 2020
ESCUELA DOMINICAL
Principios
las primicias están fundamentadas en
1. Todo es de Dios nada es nuestro, todo viene de Dios
2. Todo viene de Dios
Santiago 1: 1:17, Romanos 11:26
3. Todo es para la Gloria de Dios
1 Corintios 10:22, éxodo 34: 23-26, Deuteronomio 18: 5,
Nehemías
Éxodo 13:12, Genesis 39:23, Levítico 22:19-20, Génesis 2:7,
1 Juan 5:4, 2 Corintios 9:10, Colosenses 3:23-25,
1 Corintios 10:31, Hebreos 13:4, 1 Corintios 15:20-23,
1 Tesalonicenses 3:16, Santiago 4:16-8, Romanos 8:23,
Gálatas 5:22-23, Romanos 8:26, Colosenses 1:16-17
1 Corintios 15:20, Romanos 8:29, Mateo 10:8, Proverbios 23:26
miércoles, 29 de abril de 2020
jueves, 12 de septiembre de 2019
DEVOCIONAL DIARIO CONEXION DE VIDA
2. Lee la palabra de Dios
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." Hebreos 11:1
3. Reflexiona
La fe consiste en la certeza absoluta y la convicción firme en la obra, el carácter y las promesas de Dios, aun cuando estas no se ven con los ojos naturales. Pero todas estas promesas se cumplieron en Cristo.
Pero hay algo extraordinario y revelador en Hebreos 11:1, pues en el griego original en el que fue escrito el Nuevo Testamento se usa, para la palabra “certeza”, el término griego jupóstasis, que tiene como significado directo “sustancia” o “esencia”. El argumento y entendimiento de la profundidad de esta palabra se confirman cuando vemos que es la misma usada en Hebreos 1:3: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (jupóstasis), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.
Cristo es la imagen misma de la sustancia del Padre, en la cual todo creyente ha sido unido.
La creencia está en el intelecto; la fe es experimentar la sustancia, a Cristo. Por eso, hablar de fe sin entender que se trata de Cristo es perder la perspectiva real de que también se debe entender la fe como sustancia y unión con Cristo.
Entendemos que, lejos de ser un mero pensamiento, la fe nos conecta de manera orgánica a la sustancia misma de Cristo, haciendo que su vida opere en nosotros: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Al final del capítulo 11 de Hebreos se concluye que lo que esperaban los que creyeron a Dios no era una patria terrenal, sino una mejor, esto es, una celestial: la Jerusalén celestial, cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10, 13-16). Pero Cristo es el contenido, la sustancia y el centro vital de esta patria, pues una ciudad celestial carece de sentido sin Aquel que la habita. Por eso, en la Nueva Jerusalén no hay templo físico, porque el Señor y el Cordero son su templo y su luz (Apocalipsis 21:22-23).
Por esta razón, la definición de la fe como sustancia armoniza con la patria celestial cuando el Señor Jesús dice: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Previamente, había declarado: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 14:3; Juan 12:32).
Cuando Jesús dice: “Y os tomaré a mí mismo”, esta unión ocurre cuando creemos en Él. Al igual que los antiguos, que dieron testimonio de fe y esperaban una patria celestial, nosotros hemos sido tomados por el Padre y colocados en ella: estamos sentados en los lugares celestiales en Cristo y somos miembros de su cuerpo (Efesios 2:6; 5:30).
Hermanos, hemos sido hechos participantes de Cristo: “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza (jupóstasis) del principio” (Hebreos 3:14). Estamos unidos a su esencia, y esta es la certeza máxima que tenemos. Por lo tanto, somos testigos efectivos y vivenciales y descansamos no en una expectativa abstracta o imaginaria, sino en una patria segura y en una unión viva con el Mediador que la sustenta para siempre.
4. Alaba a Dios
Compartir a través de:
lunes, 19 de agosto de 2019
LETREROS CRISTIANOS
Jueves 16 de Abril de 2026
“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.”
Filipenses 2:5 Nueva Traducción Viviente (NTV)
MEDITACION DIARIA
Miércoles 28 de Octubre de 2026 
Fuertes Y Valientes
Dios no se ha olvidado de usted; su espera no es en vano.
Dios no se ha olvidado de usted; su espera no es en vano.
28 De Octubre de 2026
“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” (Sal 27.14). Es notable que estas palabras de ánimo aparezcan al final de un salmo en el que David habla de sus enemigos, de sus temores y de su sensación de abandono. Qué interesante que concluya con una firme exhortación dirigida a sí mismo: “Espera”.
Esperar es una de las cosas más difíciles de la vida. Es fácil pensar que esperar es pasividad, como si fuera un tiempo vacío en el que nada sucede. Pero la espera que describe David es distinta, es confianza activa. Es la negativa del alma de no renunciar a Dios cuando la respuesta no llega, la puerta no se abre, la sanidad no se produce. Es elegir, en medio del silencio, creer que el Señor sigue siendo bueno y que se mantiene cerca.
La mayoría de nosotros no esperamos cosas pequeñas. Anhelamos que una relación sane, que un hijo vuelva a casa, que un diagnóstico cambie, que una esperanza cobre vida. En esa clase de espera, la tentación no es solo la impaciencia; es el desánimo: la lenta erosión de la creencia de que Dios esté obrando.
Por eso la Biblia nos exhorta a ser fuertes y valientes. Dios no nos ha olvidado (Is 49.15, 16). La espera no es inútil. Solo sigamos buscándolo.
“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” (Sal 27.14). Es notable que estas palabras de ánimo aparezcan al final de un salmo en el que David habla de sus enemigos, de sus temores y de su sensación de abandono. Qué interesante que concluya con una firme exhortación dirigida a sí mismo: “Espera”.
Esperar es una de las cosas más difíciles de la vida. Es fácil pensar que esperar es pasividad, como si fuera un tiempo vacío en el que nada sucede. Pero la espera que describe David es distinta, es confianza activa. Es la negativa del alma de no renunciar a Dios cuando la respuesta no llega, la puerta no se abre, la sanidad no se produce. Es elegir, en medio del silencio, creer que el Señor sigue siendo bueno y que se mantiene cerca.
La mayoría de nosotros no esperamos cosas pequeñas. Anhelamos que una relación sane, que un hijo vuelva a casa, que un diagnóstico cambie, que una esperanza cobre vida. En esa clase de espera, la tentación no es solo la impaciencia; es el desánimo: la lenta erosión de la creencia de que Dios esté obrando.
Por eso la Biblia nos exhorta a ser fuertes y valientes. Dios no nos ha olvidado (Is 49.15, 16). La espera no es inútil. Solo sigamos buscándolo.















